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Laurence Sterne. (1713-1768). Un viaje sentimental a través de Francia e Italia.
El Harvard Classics Shelf of Fiction. 1917.
4. El Monje. Calais
- 'T es muy cierto, dijo que, en respuesta a un fundido hacia arriba con los ojos, con la que había concluido su discurso-' t es muy cierto-y el cielo será su recursos que no tienen otra cosa que la caridad del mundo, la población de la que, me temo, es de ninguna manera suficiente para los muchos créditos que sean cada hora que se le hacen. 1
Mientras pronunciaba las palabras grandes pretensiones, le dio una ligera mirada con sus ojos hacia abajo en la manga de su túnica.-Me sentía toda la fuerza de la apelación.-Reconozco que, dije yo-un hábito ordinario, y que sólo una vez en tres años, con escasa dieta hay grandes asuntos, y el verdadero punto de la pena es, ya que se puede ganar y # 146 y murió en el mundo con tan poca industria, que su orden debe desear adquirirlos pulsando sobre un fondo que es propiedad de los cojos, los ciegos, los ancianos y los enfermos, los cautivos que se acuesta contar una y otra vez los días de su aflicción, languidece también por su participación en ella, y si hubieras sido de la Orden de la Merced, en lugar de la orden de San Francisco, pobre como soy, me continuó, señalando a mi maleta, plena alegría, si se ha open'd para usted, para el rescate de los desgraciados-El monje me hizo una reverencia.-Pero de todos los demás, resum'd I, el desgraciado de nuestro propio país, sin duda, tienen los derechos de primera, y tengo que dejó miles en peligro a nuestra propia costa.-El monje hizo un gesto cordial con la cabeza-tanto como para decir, sin duda, no es suficiente la miseria en todos los rincones del mundo, así como dentro de nuestro convento.-Pero se distingue, le dije, por la que se mi mano sobre la manga de su túnica, a cambio de su recurso de casación-que distinguimos, mi buen padre! entre los que quieren sólo para comer el pan de su propia mano de obra y los que comen el pan de la de otras personas, y no tienen ningún otro plan en la vida, pero para llegar a través de él en la pereza y la ignorancia, por el amor de Dios. 2
El pobre franciscano no respondió: a agitado de un momento pass'd en la mejilla, pero no podía quedarse-Naturaleza parecía haber hecho con sus resentimientos en él, que mostró ninguno, pero dejando caer su personal dentro de su brazo, press'd ambas manos con resignación el pecho, y se retiró. 3
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